Mi primer viaje

Nuestro primer viaje a esa cita con la chica o chico a la que por fin habíamos sacado el valor de pedirle ir al cine. Nuestro primer viaje a ese puesto de trabajo, a nuestro primer piso, a nuestro primer hijo o nuestra primera muerte de un ser querido.

Por Álvaro

Esta entrada al blog será breve. Tengo ganas de compartir las sensaciones de mis viajes y quiero empezar por el que fue mi primer viaje. Todos hemos tenido primeros viajes, nuestro primer viaje al colegio donde todo era incertidumbre sobre que compañeros encontraría y si estaría a gusto allí.

Nuestro primer viaje a esa cita con la chica o chico a la que por fin habíamos sacado el valor de pedirle ir al cine. Nuestro primer viaje a ese puesto de trabajo, a nuestro primer piso, a nuestro primer hijo o nuestra primera muerte de un ser querido.

Como este blog trata sobre el mundo de la moto no me entretendré en viajes metafóricos ni en vivencias privadas, pero algo de eso incluye. Quiero compartir la sensación de mi primer viaje en la moto que tengo actualmente, la BMW R1250GS Adventure. 

Recuerdo que ese viaje empezó con una llamada, era Iván, el comercial del concesionario donde, después de varias batallas conseguí la moto de mis sueños. La moto tardó en llegar, meses que a mi me parecieron una eternidad, pero finalmente, llego el día.

Al día siguiente mi chica me acompañó en coche al concesionario, allí quedamos con amigos que querían asistir a la entrega de la moto y otros muchos que nos siguieron a través del directo que hicimos por Instagram. Estaba ilusionado, pero eso no me despistaba de que lo estábamos retransmitiendo en directo y que debía de estar poniendo una cara de bobo considerable.

Iván me explicó de una manera concisa todo lo que llevaba la moto y como hacerlo servir. Yo asentía continuamente y solo pensaba en subirme encima y darle gas a aquella bestia.

Después de toda la ceremonia inaugural, cogí la moto para ir hacia casa.

Nota: Da igual los miles de euros que cueste la moto, te la entregan seca de gasolina.

Así que tuve que desviarme a la gasolinera más cercana. Pero en escasos 100 metros ya pude percatarme del poderío que tenía entre las piernas.

Salí de la gasolinera como un rayo (después de saber lo que es llenar un depósito de moto de 30 litros y lo mejor, pagarlos).

Unos 40 minutos separan el concesionario del parking de mi casa. A mi se me antojaron 15 y eso que no le pegué ningún apretón, he respetado el rodaje religiosamente, palabra.

“Pero en escasos 100 metros ya pude percatarme del poderío que tenía entre las piernas.”

Mientras conducía con una permanente sonrisa en la cara, miles de futuros viajes se deslizaban por mi cabeza. Estaba ya planeando donde íbamos a ir, que cosas ver y disfrutar. Sabía con certeza que esos lugares iban a ser lejos, no sabía cuales, pero sabía que lejos.

Me costaba creer que era yo el que manejaba esa moto y que era mía. La moto que había deseado tener toda mi vida ya era mía y la iba a disfrutar hasta decir basta.

Aún no he dicho basta.

¡Compartir es amar!

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